Radicales
Microalgo - 21-12-2006 13:45:51 | Categoria: Esquizoparanoias
Todos somos pedazos de papel idénticos, vacíos, sin nada escrito en ellos. Lo que nos hace diferentes es la forma en que hemos sido doblados. Somos los pliegues (Orson Scott Card: Wyrms).

Lo malo no es morirse. Es peor entremorir.
Esta minúscula microalga ocupa parte de su tiempo en cantar música del renacimiento (y algo de barroco, para desmuermar) en un coro de cámara. Tiene que haber gente para todo, digo yo.
El pasado domingo, nos tocó cantar un oficio en una iglesia a la que el coro entero teme. No tiene mala acústica, el espacio del coro (arribotota del todo) es cómodo... lo malo es el incienso. Se pasan. Creo que, incluso, lo aliñan. En ocasiones, perdemos de vista al oficiante, entre místicas nubes. Demasiado pocas apariciones se ven en la diócesis, para los incendios que montan.
A la salida del oficio parte del coro nos fuimos a tomar algo a un bar, al que yo no había ido nunca. Cuando entré, encontré una cara familiar: el hermano menor de un buen amigo.
Estaba solo, acodado en la barra, tocando las palmas y cantando en voz alta un cuplé desafinado, veteado de "oles". Perdida y manifiestamente borracho a la una y media de la tarde.
Lo saludé, le pregunté por su familia. Me abrazó y me respondió una retahíla de incongruencias, incluido otro cuplé de letra incomprensible, entonado a un centímetro de mi oreja. Al cabo de un rato se distrajo con algo que ponían en la televisión del bar y yo me despedí de él, mentí sólo a medias al decir que me alegraba de verlo y me fui al fondo del bar, donde el camarero había dispuesto un par de mesas: una pequeña (para los miembros del coro) y otra más grande (para la prole del mismo, que nos supera ya en número).
Días después conversaba con la que fue profesora particular de inglés del hermano de mi amigo, cuando aquél todavía estaba en la básica.
- El otro día vi a Fulanito.
- ¿Y cómo estaba?
- ... pues un poco borracho.
- Qué pena de crío. Era el mejor alumno que he tenido. Era un niño muy dulce. Ahora no para de emborracharse, desde hace años. Por una mujer, fíjate. Tuvo una novia que se dedicó a putearle y a él no se le ocurrió otra cosa que darse a la bebida.
Yo sabía desde hace tiempo que él bebía, y que eso le había traído muchos problemas. Lo que jamás supe, hasta ahora, era el motivo. Pensé que, simplemente, a una borrachera de adolescente (¿quién no la ha tenido?) le había sucedido otra, y que la predisposición de su organismo lo había llevado a ese extremo. El hecho en sí de que un hombre joven se esté dejando el hígado en la barra de un bar, a base de meterle radicales OH, ya es suficiente para apenar a esta célula planctónica. Pero, ni me pregunten por qué, ni traten de psicoanalizarme, saber el motivo me dejó el corazón como una ciruela pasa.
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