El hombre que no mató a Salgueiro Maia
Microalgo - 02-11-2006 21:47:00 | Categoria: Esquizoparanoias
Además, considero que los que obedecen justifican la existencia de los que mandan (José Reyes Fernández: De cómo burlé al ejército dos veces y aún así regresé de Cádiz hecho un hombre).

El Capitán Salgueiro Maia.
Foto tomada el 25 de Abril de 1974
por el fotógrafo Alfredo Cunha.
Ya sé que, desde este lado de la frontera, a poca gente le importa, porque Portugal es un vecino injustamente olvidado por los españoles. Pero de vez en cuando conviene recordar algunas cosas que trascienden el interés de una nación, para que sirva de ejemplo a otras. Por mi parte, le tengo especial cariño a Portugal, porque viví dos hermosos años allí.
El 25 de Abril de 1974, tras la acordada señal de la conocida canción de José Afonso en Radio Renacimiento, varios destacamentos portugueses se alzaron contra la dictadura militar que sustituyó a la de Salazar (incapacitado para el gobierno en 1968). La revuelta fue organizada por oficiales de baja graduación (que la historia reconoció después como “los Capitanes de Abril”). Uno de ellos, Salgueiro Maia, condujo su columna desde Santarém hasta la misma Plaza del Carmo, frente a la sede del gobierno. Antes de que se rindiera éste, tuvo lugar un curioso suceso cerca de allí, en el Terreiro do Paço. En la película de María de Medeiros (Capitanes de Abril) se supone que es el mismo General Pais (director de la PIDE, la temible policía política del Régimen) quien protagoniza parte de este suceso, pero parece que en realidad fue el Brigadier General Junqueira dos Reis, leal al gobierno, quien cortó la Calle del Arsenal con un grupo de tiradores, el Regimiento de Caballería nº 7 y dos blindados, y conminó a los rebeldes a rendirse. Hasta él se acercó el muy joven Teniente Alfredo Assunção para exponerle la situación. Como única respuesta, el Teniente recibió tres puñetazos del Brigadier General. Assunção no los devolvió. Encajó como pudo y volvió a sus posiciones.
Entonces fue Salgueiro Maia el que se acercó a mitad de camino entre sus posiciones y las de Junqueira dos Reis.
Es fascinante el personaje de Fernando José Salgueiro Maia, que murió en 1992, víctima de un cáncer, sin haber recibido ningún reconocimiento oficial por su participación en esa revuelta. Tras el golpe militar y el derrocamiento de la dictadura se negó en redondo a formar parte del nuevo gobierno y se reintegró a su unidad. Pero hoy no quiero hablar de él. Ya la historia le ha mencionado mucho, y con toda justicia, ya que fue uno de los principales protagonistas de ese pedazo de la historia.
Junqueira dos Reis conminó a Maia para que se acercara hasta su retaguardia. Maia respondió que debía ser el General de Brigada el que se acercara hasta él para hablar en igualdad de condiciones. Entonces Junqueira dos Reis se dirigió al Alférez que comandaba uno de los blindados y le ordenó que disparara sobre Maia.
Y esto, sólo esto, es lo que me anima hoy a escribir: Ese hombre se negó. Bajó de la torreta y fue inmediatamente detenido. Junqueira le dijo al artillero que hiciera fuego él, y éste respondió que sin su Alférez él no movía un dedo. Si la Revolución de los Claveles hubiera fracasado, esos hombres habrían sido, sin duda, fusilados. Pero ante sus negativa, el otro soldado que ocupaba la torreta del blindado adyacente se quitó el casco y se bajó de su puesto (total, el cañón de ese otro blindado no tenía percutor). Y los tiradores se echaron el fusil al hombro y, dejando a Junqueira dos Reis gritando como un descosido (dio dos tiros al aire, incluso), se dirigieron a hablar con Maia. Y un momento después volvían a sus puestos, se montaban en los blindados y se unían a la columna del Capitán sublevado.
La Revolución de los Claveles se saldó, finalmente, con cuatro muertos, todos civiles (desde una ventana de la sede de la PIDE alguien disparó con una ametralladora sobre la gente congregada ante su puerta).
Me ha costado encontrar el nombre de ese alférez, el hombre que no mató a Salgueiro Maia. Pero lo he hecho. Se llamaba Fernando Sottomayor. Qué bien habrían venido unos cuantos Sottomayores distribuidos por Argentina, Uruguay, Chile, Brasil... y España. Gente que se pasara por el forro la repugnante "obediencia debida" a sus mandos cuando ésta implica una atrocidad.
Que no se pierda de la memoria el nombre de la gente que debe ser recordada. Que no se pierda. Nuestro concepto de la civilización puede depender de ello.
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Sin tener una relación cercana con ninguno de los países vecinos es verdad que la fronteriza Portugal no copa precisamente nuestros pensamientos, y me parece que esto, y corríjame usted si me equivoco, ha creado un velado resentimiento en los lusitanos. Y por cierto es una situación más que parecida a la que existe entre uruguayos y argentinos (porteños, más concretamente). Pero bueno, a lo que iba que es a su precioso texto.
La imagen de Fernando Sottomayor calmo, rebelándose contra lo que creía una barbaridad aun cuando ponía en grave peligro su vida, su única vida, eriza mi piel y dibuja mis ojitos al más puro estilo candy candy... No hay demasiados de esa calaña...
(Después, la vergüenza: la de no ser yo capaz de rebelarme en determinados momentos, cuando lo que me juego es bastante menos.)
Gracias por dárnoslo a conocer.Comentario de Teodoro W. Adorno g. hace 3 años y 37 meses
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Pues tiene Usted razón, Teodoro. Los portugueses tienen una extraña relación con España, cimentada en parte por esa tendencia nuestra a darles la espalda.
Y su otra parte del comentario también me incumbe: también me he sentido cobarde en algunas ocasiones. Por eso, cuando alguien tiene un arranque de valor del estilo de ese hombre, me gusta que se recuerde (que en ocasiones parece que sólo recordamos lo malo).
Abrazotes.Comentario de Microalgo hace 3 años y 37 meses
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como te lo curras...si señor, estas hecho todo un escritor.
Besitos.Comentario de nuevestrellas hace 3 años y 37 meses
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En tu puente también tengo que caminar hacia atrás, al final acabaré siendo en vez de pez un cangrejo.
Que no se pierda.
Yo conocí en un viaje a la Habana a un cantaautor portugués Carlos paulo,que estuvo en esa revolución, al que luego visité en lisboa en un pueblito de pescadores .... pero no recuerdo el nombre solo que habia que cruzar en barco.
Gracias por el regalo . por los dos, porque Nán tiene uno mio tengo que pedirselo.
Gracias MicroComentario de Momo hace 2 años y 32 meses
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A mandar, Momo. Gacias a ti por revisitar este post que, escrito hace casi medio año, aún me emociona.
Comentario de Microalgo hace 2 años y 32 meses